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Sergio_sq Pixabay
Para muchos el verano significa la época más "ansiada" y para otros momento de vivir sofocadamente. En ambas ocasiones se comparte la luz y tiempo de disfrute, de descanso, de desconexión y conexión, de reencuentros y toda clase de vivencias y experiencias.
Para mí, es la mejor época, me siento más vital, más enérgica, este año ha sido un verano atípico y excepcional. Desde que soy adulta esa sensación de relax y bienestar no la había sentido nunca, quizás por mi madurez y mi inversión en mi crecimiento personal, he vivido como una niña pequeña disfrutando de todo, de cada día... sin complejos, natural, sin preocupaciones, habiendo dejado soltar lo estancado, he recibido otros pensamientos más renovados, más frescos, más prósperos, otros estímulos muy bonitos.
Después de muchos años afirmo que han sido mis mejores vacaciones, con mi familia... todos conectados y respetando el espacio de cada uno, hasta este año no había sido así. Todos veníamos y nos juntábamos en esta época estival con nuestros problemas, nuestras cargas, nuestros complejos y nuestras rumiaciones. Cuando realmente te propones convivir, observas que esas personas que siempre has conocido, son otras personas, alineadas contigo y, que siempre habían estado ahí, todo era producto de tu mente.
Desde que soy más consciente, habituada a la conciencia plena y habiéndome especializado en Mindfulness, Gestión emocional y psicología positiva, me ilusiono con todo, mi actitud ha cambiado, mi exterior también, gestiono las emociones y no me preocupa lo que dicen y hacen otros hacia mi persona. Un logro conseguido, varios años atrás empecé a practicar cada día la conexión conmigo misma, me faltaba la teoría y lo he conseguido, la confianza en uno/a mismo/a es vital y fundamental.
Para ser feliz, sólo debes tener ganas de no amargarte ni a ti ni a las personas que te rodean, de aceptar cada situación que recibas y convertir lo malo en bueno y, siempre desde el amor.
El valor de la gratitud también tiene mucho que ver, cada acto recibido, cada sensación recibida, cada gesto o palabra recibida, todo... absolutamente todo de mí sale un GRACIAS SEÑOR, todo para mí ya son lecciones y aprendizajes de vida.
Este verano ha sido el culmen de mi desconexión con mi etapa anterior, ha sido un acto de dejar soltar y, tirar la llave al mar, un acto desde el amor, desde el perdón y, desde la gratitud. Este simple gesto simbólico me ha traído una llave que es la que poco a poco está abriendo cada puerta o portal cerrado y bloqueado. Ahora entiendo más que nunca que "El tiempo lo cura todo..."
Sólo debes escucharte a ti, ese momento de autocompasión y de cariño hacia ti mismo/a, es donde radica tu verdadera luz, es tu alma, guiándote en cada paso que das, es tu confianza ganando terreno y, es tu autoestima descansando y sintiéndose en paz.
Sed generosos con vosotros/as mismos/as, no dudéis en ningún momento de vuestra capacidad, no dudéis de vuestra intuición... seguid adelante, seguid viviendo y disfrutando. Seguid, seguid, seguid...
Soltemos entonces, las llaves al mar...
